compañía
Cuando veas una estrella en alguna noche fría al final de un largo día, permite que deje huella; que te obsequie su centella. Mas recuerda que ese cielo que te regala consuelo es también manto de otros también tristes, también rotos, también presas del desvelo. Y verás que no estás sola, y sabrás que aquel abrazo que deseas está a un paso; que tan solo basta un «hola» para encender la farola que ilumina este camino donde el cariño es genuino. Ven, acércate sin temor. Ven, pues aquí no hay dolor; hay luz, hay besos y vino.