Creciendo, madurando, viviendo, abandonando.
Alguna vez, y sin saber de las trampas que velaban y que en sombras me esperaban, renuncié a cuanto quise ser y fui algo duro de ver. Nunca hubo sueños por vivir. Yo jamás pude decidir. Tan solo bastó un error que me mostró, claro, el horror y motivos para reír. Quizás nunca pude escapar de aquella vida trazada; tal vez ya se avecinaba la ruta que habría de andar. También al báratro marchar y sus abismos recorrer serían parte de crecer. Hoy tengo las cicatrices de otros tiempos infelices que nunca volveré a ver.