compañía

Cuando veas una estrella
en alguna noche fría
al final de un largo día,
permite que deje huella;
que te obsequie su centella.
Mas recuerda que ese cielo
que te regala consuelo
es también manto de otros
también tristes, también rotos,
también presas del desvelo.

Y verás que no estás sola,
y sabrás que aquel abrazo
que deseas está a un paso;
que tan solo basta un «hola»
para encender la farola
que ilumina este camino
donde el cariño es genuino.
Ven, acércate sin temor.
Ven, pues aquí no hay dolor;
hay luz, hay besos y vino.

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