memoria larga / esperanza marchita.
Yo no me permito olvidar nada de lo que sucedió porque quien aquello vivió ha tenido que continuar con su solitario marchar (elegido, que no impuesto) para no quedar expuesto otra vez a los engaños que durante tantos años fueron desprecio funesto. Pero hoy, debo confesar que del esquivo cariño me hacen falta su guiño pícaro, su dulce mirar, sus besos que hacían soñar con noches en compañía en las que yo dormiría, en fin, rodeado de paz arrullado por el compás de mi preciosa utopía.